5Continuamos con las reflexiones del obispo de Tenerife referentes a la música que se emplea dentro de los oficios litúrgicos. Ahora el obispo presenta algunas orientaciones a ser consideradas por los coros, organistas y cantores que prestan su servicio en el ministerio del canto y la música litúrgica. En el número anterior se vio la primera de las cualidades que debe poseer todo canto compuesto para la liturgia, continuamos con la segunda de ellas. La vez anterior presentamos un texto del Papa Pablo VI refiriéndose a la necesidad de depurar las manifestaciones musicales de nuestros templos para hacerlas “dignas de sus sagrados umbrales” descartando a todas aquellas que no cumplan con este requisito elemental. Ahora veamos que nos menciona al respecto el Papa san Juan Pablo II.De Juan Pablo II, entre otros textos que podríamos traer, permitidme ofrecerles unas palabras en las que, con meridiana claridad, queda presentada la originalidad de la música sacra: “Me dirijo a ustedes a fin de que presten vuestra contribución para que la música, inserta por la Iglesia en la celebración de los misterios, sea verdaderamente sacra, es decir, tenga una predisposición a su sublime finalidad religiosa, y sea verdaderamente artística, o sea, capaz de mover y transformar los sentimientos del hombre en canto de adoración y de súplica a la Santísima Trinidad”. (Alocución a la Asociación Santa Cecilia, 1985)Se entiende, según esta orientación, la precisa y preciosa formulación dada por los Obispos de los Estados Unidos en un documento cuando nos dicen: “Para determinar el valor de un elemento musical dado en una celebración litúrgica debe hacerse un triple juicio: musical, litúrgico y pastoral”.En cuanto al juicio musical, entre otras cosas, nos dicen: “¿Es la música técnica, estética y expresivamente buena? Este juicio es básico y primario y debe hacerse por músicos competentes. Sólo la música artísticamente acertada será efectiva a la larga. Admitir lo barato, lo trivial, el cliché musical que a menudo se encuentra en los cantos populares con el propósito de conseguir una “liturgia del momento” es degradar la liturgia, exponerla al ridículo e invitar al fracaso”.Ahora bien, el juicio musical es imprescindible, pero insuficiente, nos dicen los Obispos de Estados Unidos. “El músico tiene todo el derecho de insistir en que la música sea buena. Pero, si bien toda la música litúrgica debe ser buena, no toda buena música es adecuada para la liturgia. El juicio musical es básico, pero no decisivo. Quedan los juicios litúrgico y pastoral”.
En cuanto al juicio litúrgico afirman: “La naturaleza de la liturgia misma ayudará a determinar qué clase de música se pide, qué partes deben preferirse para cantar, y quién debe cantarlas”.
Finalmente, el juicio pastoral «gobierna el uso y la función de cada elemento de la celebración… en esta situación particular, en estas circunstancias concretas».

                                                                                                                                (Continuará)