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Quisiera compartir este texto de estas reflexiones que realiza Mons. Felipe Fernández García obispo de Tenerife sobre la situación actual de la música litúrgica que a mi criterio resulta muy interesante como punto reflexión sobre la función ministerial de la música litúrgica en nuestros días.
“Preocupante es el ver pasar y pasar, como olas efímeras, cantos y cantos en una especie de afán enfermizo de novedades sin que se vayan discerniendo y seleccionando aquellos cantos que, por la nobleza de su texto y por la calidad de su melodía, sean dignos de ser incorporados al acerbo tradicional de la Iglesia.
Grave es, en estos momentos, el no saber ya distinguir entre los cantos fundamentales en una celebración litúrgica de la Eucaristía, por ejemplo, y los cantos periféricos, mucho menos importantes, de tal modo que, con muchísima frecuencia, los cantos menos importantes o periféricos -como el canto de la paz, vayan adquiriendo un relieve que no les corresponde litúrgicamente en detrimento de los cantos fundamentales como son el Señor ten Piedad, el Gloria, el Credo, el santo, el Cordero de Dios…
Preocupante es oír entonar cánticos fuera de su sitio, que no ayudan en nada a vivir el momento concreto en que está una celebración litúrgica, sino que, al revés, dificultan el centrarse allí donde hay que centrarse. Así uno se sorprende -y menos mal si se sorprende- al escuchar un cántico de salida en el momento en que comienza una celebración, o, al revés, un cántico de reunión en el momento en que ha concluido. O uno se queda estupefacto oyendo un cántico a la Virgen María en el momento de la comunión eucarística, lo mismo que oyendo un cántico de comunión en pleno ofertorio.
Uno tiene la impresión de que, en más de un caso, “no se canta la misa”, como pedía San Pío X, sino que “se canta durante la misa”, pero sin que, frecuentemente, lo que se canta tenga mucho que ver, y a veces nada, con la misa. Uno no percibe hoy casi, al menos con la intensidad con que debiera percibirse, la diferencia de cantos en los diferentes tiempos litúrgicos. Pareciera que se cantan siempre los mismos cantos, sea en Adviento que en Navidad, sea en Cuaresma que en Pascua o en el tiempo ordinario. Algún signo puede encontrarse algunas veces, pero tan pobre y limitado que, muy frecuentemente, la comunidad no acaba de percibir el sentido y el mensaje distinto de los distintos tiempos litúrgicos.
Gravísimamente preocupante es, a mi parecer, esa especie de invasión, en algunos casos, del canto -o del ruido, habría que decir en más de una ocasión- dominando la liturgia entera, sin permitir, apenas, un respiro, un momento de silencio, como si estuviésemos en una velada musical donde, de no haber canto, habría desaparecido el objeto de la reunión. Por ello se lee en un documento secular de la Iglesia: “la música debe servir a la misa, no la misa a la música”

…..continuará