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(Tercera y última parte)

*Si bien en los números anteriores hemos hablado del por qué no deben ser utilizados los cantos de nuestros hermanos cristianos no católicos en nuestras celebraciones litúrgicas; y como al hacerlo nos contradecimos “musicalmente” al alejarlos de su contexto por el cual y para el cual fueron creados. Quiero cerrar esta serie de artículos tomando como referencia un texto del Papa emérito Benedicto XVI que nos hace reflexionar sobre la importancia que tiene que el canto a ser utilizado dentro de cualquier celebración litúrgica, sea compuesto exprofeso para ella.

“En el ars celebrandi (arte de la celebración) desempeña un papel importante el canto litúrgico. Con razón afirma san Agustín en un famoso sermón: « El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. El cantar es expresión de alegría y, si lo consideramos atentamente, expresión de amor ».El Pueblo de Dios reunido para la celebración canta las alabanzas de Dios. La Iglesia, en su historia bimilenaria, ha compuesto y sigue componiendo música y cantos que son un patrimonio de fe y de amor que no se ha de perder. Ciertamente, no podemos decir que en la liturgia sirva cualquier canto. A este respecto, se ha de evitar la fácil improvisación o la introducción de géneros musicales no respetuosos del sentido de la liturgia. Como elemento litúrgico, el canto debe estar en consonancia con la identidad propia de la celebración. Por consiguiente, todo —el texto, la melodía, la ejecución— ha de corresponder al sentido del misterio celebrado, a las partes del rito y a los tiempos litúrgicos. Finalmente, si bien se han de tener en cuenta las diversas tendencias y tradiciones muy loables, deseo, como han pedido los Padres sinodales, que se valore adecuadamente el canto gregoriano como canto propio de la liturgia romana.” (Sacramentum Caritatis: El canto litúrgico No. 42.)Quiero recalcar tres aspectos muy necesarios: no necesitamos tomar prestado de los hermanos de otras iglesias y sectas cantos para nuestras celebraciones litúrgicas. Autores católicos siguen poniendo sus dones al servicio de la alabanza gloriosa a Dios, solo necesitamos conocerles y darles un espacio, que me es necesario decir, muy dignamente se han ganado a lo largo de los años. Muchas de sus obras se encuentran en cantorales litúrgicos que son necesario conocer para poderlos ejecutar. Además debemos conocer y reutilizar gran parte de la riqueza musical litúrgica con la que cuenta nuestra iglesia y no sólo hablo de las obras maravillosas de los grandes compositores de la polifonía clásica, del barroco, etc.; sino también de aquellos que han formado parte importante del acervo musical de nuestros padres y abuelos, y que fueron dignos pioneros después del Vaticano II, de crear obras acordes a las normas litúrgicas que pedía la iglesia entonces y que sigue solicitando actualmente. Por último estudiar, si es el caso, para conocer y reutilizar la enorme variedad y riqueza de las melodías gregorianas; por lo menos las más fáciles y sencillas. Si nos convencemos de ello no solo Dios recibirá la alabanza gloriosa que merece, sino que su pueblo participará más activa, profunda y conscientemente del canto en la Liturgia.