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Desde hace algunos años la influencia de los cantos y melodías realizada por nuestros hermanos cristianos de otras iglesias no católicas, han venido conformándose como una parte importante del repertorio de los coros y grupos parroquiales en la iglesia católica y es necesario aclarar él porque no deben ser utilizadas dentro de nuestras celebraciones sacramentales, principalmente la Eucaristía.

San Agustín siendo obispo de Hipona escribió una gran cantidad de documentos y cartas, entre estos un comentario sobre el Salmo 73 (72) que en su traducción dice :”Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría; aquel que canta alabanzas, no solo canta, sino que también ama a quien le canta. En la alabanza hay una proclamación de reconocimiento, en la canción del amante hay amor…”

A partir de esta frase se nos invita a cantarle a Dios haciendo ver el gran valor que se le da al canto cuando se eleva al cielo para glorificarle y alabarle. Sin embargo, en la actualidad cada vez es más frecuente encontrarnos con coros, ministerios y movimientos en donde procuran, durante las celebraciones litúrgicas, los cantos de los hermanos cristianos no católicos y dejan a un lado aquellas composiciones que son propias para las celebraciones católicas.

Quisiera explicar de manera breve porque debemos hacer conciencia al respecto, preguntarnos porque se le da más valor a un canto “protestante” dentro de nuestra propia Iglesia encontrándonos estos cantos de estos hermanos aún en la Eucarística e incluso en una Exposición del Santísimo, cuando ellos ni siquiera creen en la presencia real de Cristo en la hostia consagrada.

Hay en nuestra comunidad católicos “comprometidos” que dan por sentado que “no tiene nada de malo” y que encuentran grata esta música protestante. Nos topamos con comentarios como el siguiente: “A mí me gustan mucho, sobre todo los de Marcos Witt y Jesús Adrián Romero, además, no tiene nada de malo porque hablan del mismo Dios y escucharlos es practicar el ecumenismo que el Papa nos está invitando. Además se siente más bonito que con las alabanzas católicas”. Este criterio utilizado por diferentes católicos nos muestra que su única base de selección para los cantos a ser utilizados dentro de una celebración es el “gusto” o sentimiento, como si lo que importara es que se escuche o se sienta bonito.

Se parece al católico que escucha la predicación protestante porque también le “gusta” y siente bonito.

Y esto se debe a que la música de los hermanos separados fomenta una relación individual con Dios, directa, sin tomar en cuenta la Iglesia ni los sacramentos Eucaristía, Bautismo, la Confirmación, Confesión, Matrimonio, Orden Sacerdotal e incluso la Unción; y aunque dicha música se basa en la Sagrada Escritura, no toman en cuenta la visión comunitaria que tiene la Iglesia católica ni su tradición. Nunca tomarán en cuenta a María o a los otros santos, ni a la fe de Iglesia mucho menos a su Liturgia y entonces desarrollaron más la música, justamente para llenar ese vacío.

Continuará.