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-Del libro del Cardenal Joseph Ratzinger “El espíritu de la liturgia. Una Introducción”, publicado el año 2001 por Ediciones Cristiandad (Tercera parte, capítulo II. Págs. 138- 179).

*Quiero plasmar en esta serie de artículos el pensamiento del ahora Papa emérito Benedicto XVI sobre la música litúrgica, cuando aún era el Cardenal Joseph Ratzinger; su importancia mencionada en varios textos bíblicos y en la propia historia de la salvación. Su esencial sentido teológico siempre como parte integral de la liturgia solemne y como vehículo idóneo para profundizar y elevar nuestras oraciones a Dios. Confío que nos ayudará tener una óptica más precisa sobre el papel ministerial de la música y canto litúrgico principalmente para aquellos que realizamos este importante y necesario servicio en nuestras iglesias.

La importancia que la música tiene en el marco de la religión bíblica puede deducirse sencillamente de un dato: la palabra cantar (junto a sus derivados correspondientes: canto, etc.) es una de las más utilizadas en la Biblia. En el Antiguo Testamento aparece en 309 ocasiones, en el Nuevo Testamento 36. Cuando el hombre entra en contacto con Dios, las palabras se hacen insuficientes. Se despiertan esos ámbitos de la existencia que se convierten espontáneamente en canto1. El propio ser del hombre se queda corto para lo que quiere expresar, hasta tal punto que invita a toda la creación a unirse a él en un cántico: « ¡Despierta, gloria mía!, ¡despertad, cítara y arpa!, ¡despertaré a la aurora! Te daré gracias ante los pueblos, Señor; tocaré para ti ante las naciones: por tu bondad, que es más grande que los cielos; por tu fidelidad, que alcanza las nubes» (Sal 57 [56] 9-11).

La primera mención del canto la encontramos, en la Biblia, después del paso del Mar Rojo. En ese momento, Israel ha sido definitivamente liberado de la esclavitud, ha experimentado de forma imponente el poder salvador de Dios en una situación desesperada. Al igual que Moisés de niño fue salvado de las aguas del Nilo y, por esto mismo, podemos decir que fue devuelto a la vida, también Israel se siente, en cierto modo, salvado del agua, libre, devuelto a sí mismo por la mano poderosa de Dios. La reacción del pueblo ante el acontecimiento fundamental de la salvación se describe en el relato bíblico con la siguiente expresión: «Creyeron en Yahveh y en Moisés, su siervo» (Ex 14,31). Pero le sigue otra reacción que se añade a la primera con una naturalidad desbordante: «Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yahveh…» (15,1). En la celebración de la noche de Pascua los cristianos, año tras año, unen su voz a este cántico, lo cantan de nuevo como cántico propio, porque también ellos se «saben salvados del agua» por el poder de Dios, se saben liberados por Dios para la vida verdadera…

 

(Continuará)