arteyliturgia3

*Continuamos con el pensamiento del ahora Papa emérito Benedicto XVI cuando aún era el Cardenal Joseph Ratzinger sobre la importancia de la música en la Liturgia, tomado del libro “El espíritu de la Liturgia. Una Introducción publicado en el 2001. Ahora se menciona a los salmos, los cánticos e himnos como elementos fundamentales de la oración de la Iglesia, herencia dejada a nosotros por el pueblo de Israel:

Lo que habíamos dicho en la primera parte acerca de la «fase intermedia» de la realidad cristiana —que ya no es sombra, pero que tampoco es todavía realidad plena, sino «imagen»— vuelve a ser aplicable aquí: se ha entonado el cántico definitivamente nuevo, pero hace falta que se cumplan todos los sufrimientos de la historia, que se recoja todo el dolor y se introduzca en el sacrificio de alabanza, para que allí se transforme en cántico de alabanza.

Queda así esbozado el fundamento teológico del canto litúrgico. Es necesario ahora acercarse un poco más a su realidad práctica. Junto a los distintos testimonios del canto individual y el canto de la comunidad en Israel, así como la música en el templo, que encontramos a lo largo de las Sagradas Escrituras, la verdadera fuente en la que podemos apoyarnos es el libro de los Salmos. Aunque, debido a la falta de una notación musical, no podamos hacer una reconstrucción de la «música sacra» de Israel, este libro sí que nos da una idea de la riqueza de instrumentos así como de los diferentes modos de cantar que se practicaban en Israel. En su poesía hecha oración se nos muestra la diversidad de experiencias que se convirtieron en plegaria y cántico ante Dios. Aflicción, lamento, también acusación, temor, esperanza, confianza, agradecimiento, alegría, toda la vida, tal y como se desarrolla, queda reflejada en el diálogo con Dios. Lo que llama la atención es que incluso el lamento en una situación desesperada, casi siempre acaba, por así decirlo, con una palabra de confianza, con una anticipación de la acción salvífica de Dios. Por eso, todos estos «nuevos himnos» podrían definirse, en cierto sentido, como variaciones del cántico de Moisés. Por un lado, el cántico dirigido a Dios se eleva por encima de esa situación desesperada de la que no nos puede salvar ningún poder de este mundo; de modo que sólo queda Dios como refugio. Pero, al mismo tiempo, ese cántico procede de la confianza que, incluso en la oscuridad más extrema, sabe, a ciencia cierta, que el acontecimiento del Mar Rojo es una promesa que tiene la última palabra, tanto en la vida como en la historia. Finalmente, es importante tener en cuenta que aunque los salmos, con frecuencia, nacen de experiencias personales de sufrimiento y de acogida, siempre acaban desembocando en la oración común de Israel y, de igual modo, se alimentan del fundamento común de las obras que Dios ha llevado a cabo.

 

(Continuará)