Concluimos con esta serie de artículos de orientación y reflexión sobre la música litúrgica hablando sobre la aceptación de otros instrumentos dentro de las celebraciones litúrgicas y las conclusiones que realiza el obispo de Tenerife sobre este importante tema.

Para admitir instrumentos y servirse de ellos se tendrá en cuenta el carácter y las costumbres de cada pueblo. Los instrumentos que, según el común sentir y el uso normal, sólo sean adecuados para la música profana, serán excluidos de toda acción litúrgica, así como de los “ejercicios piadosos”. (Cf. Instrucción del 3 de septiembre de 1958, nº 70)

Todo instrumento admitido en el culto se utilizará de forma que responda a las exigencias de la acción litúrgica, sirva a la belleza del culto y a la edificación de los fieles.

El empleo de instrumentos en el acompañamiento de los cantos puede ser bueno para sostener las voces, facilitar la participación y hacer más profunda la unidad de la asamblea. Pero el sonido de los instrumentos jamás debe cubrir las voces ni dificultar la comprensión del texto. Todo instrumento debe callar cuando el sacerdote o un ministro pronuncian en alta voz un texto que les corresponda por su función propia”. (M.S. nº 62-64)

Todo instrumento será admitido con tal de que no repugnen al espíritu litúrgico y se haga buen uso de ellos.

CONCLUSIÓN

He querido exponerles el noble lugar que la música y el canto ocupan en las celebraciones litúrgicas de la Iglesia.

Al mismo tiempo, he querido expresarles algunas preocupaciones que, como obispo, me embargan a la hora de contemplar la realidad y la situación de la música litúrgica en nuestra diócesis, y en casi todas las diócesis, que yo conozco.

Ante esas preocupaciones, y no las he expuesto todas, he presentado algunas orientaciones que nos están hablando de la necesidad de una mayor formación en este campo por parte de los sacerdotes, religiosos y religiosas, equipos litúrgicos, coros, cantores, músicos. Una auténtica formación es la única que podrá encauzar los esfuerzos de esa buena voluntad, de la que hablamos hace un momento, para que se orienten por un camino acertado y den los frutos deseados por la Iglesia.

Permitidme concluir con una cita que nos habla del canto, sí, pero que va más allá del canto de los labios y es al que debe tender el canto de los labios La podríamos titular: el canto de la vida. Es de San Agustín y dice así:

“Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Os exhorto, hermanos, a alabar a Dios… pero alabad con todo lo que sois, es decir, que no sólo alabe a Dios vuestra lengua y vuestra voz, sino también vuestra conciencia, vuestra vida, vuestras obras… Por tanto, hermanos, no os preocupéis simplemente de la voz cuando alabáis a Dios. Alabadle totalmente. Que cante la voz, que cante la vida, que canten las obras”.

En el cielo, afirma el mismo San Agustín, “veremos, amaremos, cantaremos: y todo no tendrá fin”.

Ojalá nuestro canto, comenzado ya aquí, nunca tenga fin.

 

+ Felipe Fernández García. Obispo de Tenerife