8                                                                                       (Novena parte)

Continuamos con las orientaciones del obispo de Tenerife sobre la música litúrgica:

8* Es igualmente urgente saber dar con los cantos el debido acento a los distintos tiempos litúrgicos como Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Pentecostés… a fin de ayudar a captar y gustar el misterio completo de Cristo.

* No puede menospreciarse, en absoluto, la necesidad del silencio en la liturgia. “El silencio -escribe un autor- también debe resonar en la asamblea”. “Se observará también -afirma la Instrucción Musicam Sacram de Pablo VI- en su momento un silencio sagrado”. (Cf. S.C. 30) Por medio de este silencio los fieles no se ven reducidos a asistir a la acción litúrgica como espectadores mudos y extraños, sino que son asociados más íntimamente al Misterio que se celebra, gracias a aquella disposición interior que nace de la Palabra de Dios escuchada, o de los cantos y de las oraciones que se pronuncian y de la unión espiritual con el celebrante en las partes que dice él mismo”. (M.S. 17)
* “En la celebración eucarística hay cantos que gozan de relativa libertad: el canto de entrada, el de la presentación de ofrendas, el que acompaña a la comunión o el que se canta al final…
En cambio, los cantos del Ordinario de la Misa piden tradicionalmente mayor respeto y fidelidad en cuanto al contenido de sus textos, aunque en la música admitan variedad y creatividad. En este sentido es conveniente recordar, tanto a los compositores como a los que tienen que seleccionar los cantos para una determinada celebración, que cuando se trata de los cantos del Ordinario de la Misa, deben elegir aquellos que mantienen el texto del Misal Romano, a saber: el Kyrie, el Gloria, el Credo, el Sanctus, el Padrenuestro y el Agnus Dei”.
Debe cuidarse, sin lugar a dudas, la primacía -no la exclusividad- del canto de la asamblea. Como muy bien dice la Instrucción Musicam Sacram: “nada más festivo y más grato en las celebraciones sagradas que una asamblea que, toda entera, expresa su fe y su piedad por el canto”. (M.S. 16)
* Y, finalmente, en cuanto a la música sacra instrumental, recojamos lo que dice la Instrucción Musicam Sacram desde el espíritu del Concilio Vaticano II:
“Los instrumentos musicales pueden ser de gran utilidad en las celebraciones sagradas, ya acompañen al canto, ya intervengan solos.
Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales.
En el culto divino se pueden admitir otros instrumentos, a juicio y con el consentimiento de la autoridad eclesiástica competente, a tenor de los arts. 22,2; 37 y 40, siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado.

 

(Continuará)